La empresa como factor de la innovación

La empresa como factor de la innovación

El papel principal del sistema lo ocupan las empresas, que son las que organizan la producción y la innovación, colaboran y compiten con otras empresas y organizaciones que suponen para ellas una fuente externa de conocimiento. Son las empresas quienes en última instancia se responsabilizan de colocar los nuevos productos y procesos en el mercado. No todas las empresas de un mismo país innovan de la misma manera de forma que las empresas siguen patrones de comportamiento diferente según el sector al que pertenecen. Centrándonos en el estudio de las empresas como actores principales del sistema innovador, vamos a exponer a continuación la existencia de algunas hipótesis que han tratado y tratan de explicar las circunstancias que llevan a que algunas empresas presenten una mayor propensión innovadora. Según las dos ya clásicas hipótesis formuladas por Schumpeter existe una relación positiva entre innovación y poder de monopolio (hipótesis del monopolio) y las grandes empresas son más innovadoras que las pequeñas (hipótesis del tamaño). La primera ha sido principalmente desarrollada por Schumpeter (1943) y la segunda por Galbraith, aunque ambas han sido ampliamente discutidas y sometidas a contrastación empírica (Kamien y Schwartz, 1989). Otras variantes han recogido el efecto de la diversificación o la concentración de mercado (Fernández, 1996). Centrándonos en la hipótesis del monopolio propuesta por Schumpeter (1943), existen varios argumentos para pensar que la empresa monopolista tiene mayores incentivos a invertir en investigación: puede aprovechar para los nuevos productos fruto de la innovación su poder sobre los canales de distribución, no necesita (o lo necesita en menor medida) acudir a la financiación externa para sus proyectos de investigación pues cuenta con las rentas que le proporciona su condición de monopolista, sus beneficios de monopolio le permiten contratar a las personas más capacitadas, el descubrimiento de nuevos productos puede actuar como freno ante la amenaza de posibles entrantes, etc. Sin embargo, con posterioridad Arrow (1962) demuestra que los incentivos a innovar son mayores para una empresa en competencia perfecta que en monopolio. Arrow argumenta que una empresa monopolista al innovar se sustituye a sí misma como líder en el mercado, lo cual en principio no le reporta un gran beneficio. En cambio para la empresa en competencia perfecta el innovar con éxito le puede proporcionar el pasar de beneficios cero a ser líder en el mercado, lo cual supone un incentivo mucho mayor. En general, se han tratado de contrastar ambas posibilidades con estudios en diversos países y situaciones. Aunque existen argumentos e información como para no apoyar la hipótesis de monopolio, la alternativa competitiva tampoco está probada. Algunos trabajos parecen reflejar que una estructura de mercado intermedia, ni perfectamente competitiva ni perfectamente monopolista, es la más apropiada para el avance técnico. En cualquier caso las características de la industria son determinantes del comportamiento innovador. En cuanto a la hipótesis del tamaño, sucede algo similar. Son muchas las razones que se pueden aducir para pensar que las empresas más grandes cuentan con más facilidades para innovar. Existen proyectos de investigación que necesitan recursos extraordinarios que sólo las grandes empresas los pueden proporcionar; dado el carácter incierto de la investigación, las grandes empresas cuentan con la ventaja de la diversificación al acometer varios proyectos a la vez; pueden aprovechar las economías de experiencia de los investigadores; pueden repartir el coste fijo de la I+D entre los distintos proyectos que pueden acometer; la mayor cuota de mercado con la que cuentan puede incrementar los incentivos a la investigación; etc. Pero también las pequeñas empresas presentan un conjunto de ventajas para la investigación: tienen estructuras organizativas más planas que facilitan la comunicación, son más flexibles y se pueden adaptar mejor a los cambios, tienen menos riesgo que las grandes de caer en los problemas de la burocracia y el papeleo, etc. Existe evidencia empírica apoyando ambas líneas argumentales y distinguiendo además de por tamaño por tipo de innovación. Además existen algunos trabajos en los que parece que sí existe una relación positiva entre tamaño e innovación pero que es una relación no lineal. Por último, según la hipótesis de la diversificación las empresas diversificadas tienen mayores incentivos a innovar que las empresas especializadas. Las empresas con una base tecnológica amplia se aseguran de que sea cual sea la dirección que tome la investigación, los resultados podrán ser valiosos para la empresa. Las empresas diversificadas pueden aprovechar el hecho de que una misma tecnología sirva para fabricar productos distintos obteniendo mayor rentabilidad. Los indicadores de innovación en las empresas utilizados para comprender la situación de las mismas dentro del sistema de innovación suelen ser el porcentaje de empresas innovadoras, la proporción de los gastos de innovación en las ventas de las empresas, la proporción entre gastos de I+D y otros gastos de innovación, la proporción de gasto de I+D ejecutado en las empresas, la proporción de gasto en I+D financiado por las empresas, etc

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